Jamás pensé que el mejor orgasmo de mi vida lo iba a sentir cuando tuve sexo con condón.
Y sí, lo digo en serio.
Porque si me hubieras preguntado a los 21 años, cuando empecé en esto, te habría dicho lo mismo que dicen todos: “que no se siente nada”, “que queda muy apretado”, “que se me va a quedar adentro“.
Esos mitos los escucho hasta el día de hoy en mi trabajo, y es que es una realidad que muchos de los creadores de contenido no usamos condón al realizar contenido, porque nadie se ha puesto a pensar en esta industria en nosotros mismos. Todo tiene que ver con el ‘tráfico’, los ‘likes’ y los ‘shares’, pero nadie piensa en los las creadoras y su salud.
Llevo seis años haciendo contenido para adultos. Empecé casi sin pensarlo, por curiosidad y porque me gustaba. Después descubrí que podía vivir de eso, y me quedé. No fue un camino fácil, pero fue mío. Y en ese camino aprendí, entre muchas otras cosas, que cuidarme no era opcional.
Lo que nadie me explicó al principio
Al inicio era completamente inexperto. Pensaba que con no eyacular adentro era suficiente. Que eso era “cuidarse”.
Estaba equivocado.
Tener múltiples parejas sexuales, como parte del trabajo, implica una exposición real. No lo digo para asustar a nadie, lo digo porque a mí nadie me lo dijo con claridad cuando empecé. Fui investigando por mi cuenta porque nadie nos enseña de esto en la escuela, o si nos enseñan lo hacen desde el juicio y el estigma. En la familia tampoco, mis padres nunca me hablaron del condón ni de sexualidad, todo lo que aprendí, lo aprendí en la calle.
Pensando en protegerme el condón fue la opción que más sentido me hizo: fácil de conseguir, fácil de usar, sin efectos secundarios, sin procedimientos. Solo protección. Simple.
Cómo el condón pasó a ser una condición
No fue de un día para otro. Hubo un momento en que me senté a pensar en serio qué quería para mí, y decidí que el condón iba a ser innegociable en cualquier colaboración. Sin excepciones.
Eso generó fricción. Varios creadores con los que trabajé me decían que con condón no se sentía igual, que cortaba el mood, que era incómodo. Y yo los entendía, yo mismo había pensado eso antes. Pero ya no.
Recuerdo una grabación con dos chicos. Antes de empezar fui directo: la única condición es condón. No hubo mucha negociación.
Aceptaron.
Y fue, sin exagerar, una de las mejores experiencias sexuales que he tenido. Probamos distintos condones, algunos más delgados, otros con textura, y usamos lubricación para que todo fluyera bien. Nada se sintió forzado ni interrumpido. Al contrario: fue cómodo, fue natural, y al final ellos mismos estaban sorprendidos de lo bien que había salido todo.
Desde ahí no volví atrás.
El placer con condón es real, y tiene algo extra
Hay algo que poca gente menciona cuando habla de condones: la tranquilidad también es erótica.
Cuando no estás preocupado por infecciones, cuando sabes que te estás cuidando, te relajas de verdad. Y cuando te relajas de verdad, el sexo es mejor. Así de simple.
Para mí usar condón no apagó el placer. Lo liberó. Podía estar completamente presente sin esa voz en el fondo diciéndome ¿y si…?.
La erección se mantiene, la lubricación ayuda, el cuerpo responde. No hay magia rara, simplemente estás tranquilo, y eso se nota.
Y fuera de eso, el condón puede ser parte del juego. Existen condones con sabores, con efecto calor o frío, con texturas que cambian la sensación.
No es solo un trámite, puede ser un momento más dentro del encuentro si decides que lo sea.
El condón femenino también existe, y merece más atención
Empecé a trabajar también con mujeres, me topé con el condón femenino, que también se le conoce como condón interno. Confieso que no sabía mucho del tema. Pero una chica que participó en una grabación decidió usarlo y entendí cómo funcionaba, me pareció una opción igual de válida. Recuerdo que ese video tuvo muchísimo éxito con mujeres, que comentaban en Twitter que la decisión no solamente debería ser de los hombres. Usar condón es también una decisión de mujeres.
Los condones femeninos ofrecen la misma protección, dan protección a quien lo usa, y la experiencia puede sentirse igual de natural. Que poca gente los conozca no significa que no funcionen, significa que no les hemos dado suficiente espacio en la conversación.
Inclusive entre mis compañeras encontraba ignorancia ante el condón femenino. Recuerdo que una de ellas me preguntó “de verdad existen los condones femeninos“.
No podía creer que las personas tuvieras ese desconocimiento antes el condón femenino.
Cuando les regales varios condones femeninos me buscaron un tiempo después y contaron que la sensación es la misma, nada cambia.
AHF: donde encontré más que condones
En algún punto de este camino me acerqué a AHF aquí en Dominicana. No porque estuviera en crisis, sino porque lo que quería era información real, sin juicios.
Ahí encontré condones gratis, acceso a pruebas de VIH y orientación sin que nadie me hiciera sentir raro por lo que hago. Eso vale mucho. Para quienes trabajamos en la industria, y para cualquier persona sexualmente activa, tener un lugar así de accesible marca la diferencia.
Al ser un chico gay sé lo difícil que es hallar servicios de salud sexual ya sea públicos o privados que no actúen desde el juicio y la moralina, a veces en los laboratorios privados hay mucha ignorancia y ven a las personas con recelo. En AHF me sentí entendido, no discriminado y atendido como una persona, independientemente de mi trabajo y mi preferencia sexual.

Lo que aprendí después de seis años
Que el condón no es el enemigo del placer. Es parte de cómo disfruto con responsabilidad, con presencia, con orgullo de lo que hago.
Que cuidarse no es un gesto de miedo, es un gesto de respeto hacia uno mismo y hacia las personas con quienes compartes esos momentos.
Y que el mejor orgasmo de mi vida, en serio, lo tuve con condón.
No sé si fue el condón el motivo. Probablemente fue la combinación de sentirme seguro, libre, presente y con ganas. Pero el condón estaba ahí. Y no le resto mérito.





